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lunes, 19 de febrero de 2018

ACOSO


La verdad es que he tardado en escribir sobre el tema por que cuando lo pienso me vuelvo a quedar  estupefacto: "¿Acoso a la mujer en algún ámbito laboral? Lo me lo puedo de creer, señora vecina. Además a todas, señora vecina, que no se escapa ni una, vargame la Pilárica.. Y la que tienen montada uyuyuyuyuy, la que tienen montada, Que paice que nadie sabía ná. Y es lo que yo digo. A ver, Como si hubiera se inventado ayer por la tarde, Diga usted que a una no le gusta hablar, y menos de los vivos, que vaya usted a saber por donde van a salir. Pero, es que a una la ponen en el disparadero, coñe. Como si no fuera del dominio público Lo de la Mae West, la Joan Crawford,  o el, si mujer, ese que tan tanto miedo. Sí, ese que cada quien pronuncia como quiere. Sí, ese, el de La ventana indiscreta ¡que guapisma estaba ahí la Grce Kely ¿verdad' Que manía les ha dado de golpe, como si nunca hubiera habido acoso, en nuestros tiempos se llamaba meter mano y otras cosas, no sea usted picarona, señora vecina. Como es usted, jijiji. Mire usted, y no es por presumir pero yo, antes de casarme con éste, no estaba nada mal, bajita y rellenita pero muy mona, trabajaba en una mercería, sí la de la esquina de la Plaza Grande, y el jefe siempre me mandaba a mi a coger la mercancía del último anaquel, sí, eran los tiempos de la minifalda, y el viejo verde se ponía debajo "para ayudar" y al bajar con lo de "ayudar", la manita se le iba un palmo más arriba de lo que la falda dejaba ver. Y a callar que te jugabas el sueldo y estabas intentando ahorrar pal piso, que ni con tu novio te podías desahogar, no fuera a pensar lo que no era. Y eso por una mierda de sueldo y lo aguantábamos calladitas ¿verdad? claro, bien calladitas aunque todo el mundo sabía que era un asqueroso viejo verde, total por cuatro perras mal contás. Si una, que, usted lo sabe, señora vecina, que es decente aguantaba aquello por una miseria ¿Qué no se haría por esas fortunas que cobran? ¿Qué no se sabía? No me haga reír señora vecina. Claro que se sabía, hasta el gato lo sabía, como lo de que algunos curitas metían mano a los niños, además de zurrarles. ¡Que novedad! Ahora todo es rasgarse las vestiduras y vestirse de negro como en un velorio, que parecen todas viudas alegres. Que da lacha sabiendo lo que se sabe que me venga la XXXX o la YYYY en plan entierro de la sardina. ¿Sabe lo que le digo?, que con su pan se lo coman, pero quien no supiera que siempre ha habido acoso y lo que pasa de acoso en todos los trabajos es por que o miraban para otro lado o sacaban tajada de ello. Y la dejo que tengo que hacer la compra. Abur"

domingo, 11 de febrero de 2018

FEBRERO

Me pregunto por que desaparecieron las ilustraciones de las portadas de las revistas.
 
 
Febrerillo el loco con sus días veintiocho, si llega a tener más cuatro no quedaba can ni gato. Y si el refranero lo dice quien soy yo para enmendarlo, además que este año cumple con la norma; nieves, temporal, vientos y un frio de c******.
Hablando de c******, hace falta tenerlos cuadrados, en el peor sentido, para dar el espectáculo político social que estamos dando, y gratis, al mundo con unos personajes que más parecen marionetas de las de los estacazos que seres vivo. Algunos son pura encarnación de los arquetipos pero en caricatura. Se está empleando mucho en los medios el término "esperpento", pero no es exacto, el esperpento es el estado natural de este pañis, lo de ahora es eso; un estúpido guiñol sacacuartos en el que nadie se sabe su papel ¿Dónde está el poderío andaluz, la hidalguía castellana, el señorio madrileño, la rebeldía asturiana o el seny catalán? Pues mire usted, andan todos en un debate de altos vuelos sobre portavoces y portavozas, sobre quien va a eurovisión o quien gana Masterchef, por donde se va a jugar la final de copa y poco más. Incluso entre los estudios de las preocupaciones de los ciudadanos éstos se limitan a eso, a preocuparse, tanto mas cuando mas tiempo dediquen los medios a los temas. Es la gracia del charlatán o el trilero: mire usted pa´alla mientras se la meto doblada por acá.  
Uno de los ejemplos más dolorosos aberrantes es la prisión permanente revisable, debate que se activa y desactiva según se haya producido asesinato de mujeres jóvenes recientemente o no, Lamentablemente tengo la impresión de que también de quienes sean sus padres, pero eso es una sospecha de gato escaldado que nada vale. En calentito, que ahora quema, quieren justificar y ampliar una ley (o lo que sea) que sería perfecta....con un sistema judicial fiable. Todos sabemos que no es el caso, aunque sólo sea por la lentitud (ya no vamos a hablar de sentencias). Eso, señores/as diputados/diputadas ya existió y se llamaba La Bastilla. Resucitemos lo que creíamos acabado, por cierto que está volviendo la mili obligatoria en varios países de "nuestro entorno"
Pero nada de eso importa, parece ser, al fin y al cabo estamos en carnaval, un eterno sábado de carnaval o una nave de los locos.
 
Cartel de las fiestas de carnaval en Puente de Vallecas Retiro. Como siempre me equivocaré pero me parece un hallazgo. Sobrio y diría que hasta elegante.

domingo, 4 de febrero de 2018

LADY SOPHIE O NOCHE DE REYES Y 8


            Así se hizo pero cuando Lady Sophie entre mil equilibrios bajó había tres figuras más en el portal: una gata gris, un perro con un lazo rosa y una diminuta y hacendosa ratona con cofia victoriana. Ellos no las vieron y los humanos recordarían que habían estado ahí “de siempre”. Las luces de castillo se fueron apagando y el estruendo de la orgía deja paso a un silencio decepcionado. Algún centinela se reincorpora a su puesto recomponiendo sus togas interiores. La estrella se va tranquilizando y el pueblecito coba su quieta y apacible normalidad ante los ojos de los tres. Lady Sophie se pregunta si los copos de nieve estarían ya cayendo.

-No creo –responde Golfo señalando con el hocico.

            De Lady Sophie se desprende un polvillo dorado formando una nube donde, entre destellos, se van formado imágenes que no terminan de definirse del todo, igual que el cortejo inmovilizado fuera pero más pesadas. Son las esencias de todos los felinos que en el mundo han sido. Hay un momento en que casi se perfilan por completo todos y cada uno. Justo entonces se acercan al pueblecito y se inclinan en respetuosa reverencia. Están todos: el ancestral Dientes de Sable, los leones con su aire de superioridad, los tigres, leopardos, panteras, pumas, jaguares, linces, los divinizados gatos egipcios, los sabios gatos de los magos y las brujas, los duales y enigmáticos gatos japoneses y el arquetipo de Gato: tan majestuoso como el león, tan misterioso como el egipcio, tan desconfiado como el tigre, tan sinuoso como la pantera, tan hogareño como los angora y todo ello en el brillo equívoco de sus ojos. Eso sin contar con especies extintas en tiempos remotos. Toda la felinidad se había concentrado en ella y ahora vuelven a donde quiera que estuvieran antes presentando sus respetos a la figurita del bebé, o eso le parece a ella pero no podría asegurarlo. Cierra la comitiva el gato callejero trotando feliz.

-Lady Shophie –dice la Sra. Rat escondida entre las patas de golfo, aterrada ante tanto felino- sus ojos ya no son rojos.

            Lo que fuera que haya pasado, está acabando. Julieta ha dejado de apuñalar a Romeo y recobraba su compostura. Napoleón vuelve a montar su caballo aunque con cierta expresión de desconfianza, la bailarina se recupera del desmayo sin que nadie le acerque las sales. Hasta las destrozadas Gracias se recomponen y siguen mirando al David con ojos libidinosos y los bailarines rococó, ya con las cabezas en su sitio, vuelven a bailar esa música inaudible. Los puros, ruborizados, se apresuran a cubrir sus vergüenzas y vestirse con sus vitolas y el Pensador deja de hacer crucigramas.

            Vuelven a la ventana y ven que los copos de nieve, por fin, caen y e cortejo avanza despacioso, viéndose sin verse, sólo fugaces colores, brillos. Como siempre salvo que, se acerca la densidad de magia ha desaparecido, ni siquiera el alcanza el nivel cotidiano, sencillamente no hay. Las piezas del ajedrez han vuelto a sus puestos sacudiéndose el polvo de la batalla y las cristalerías se recomponen a toda prisa. Junto a la butaca en cuyo respaldo han asentado sus reales pasan, atravesando los cristales de las ventanas, las tres figuras que varias veces ha entrevisto. La barba blanca, capa púrpura y centelleos de oro en la corona; la barba negra le sigue con gemas en la corona, la capa se pierde en la oscuridad. “Podría ser azul, de un azul muy profundo” piensa Lady Sophie al tiempo que sus bigotes le dicen que toda la magia ya está en su sitio. La última figura es de piel hermosamente oscura, viene sonriendo, como sólo pueden sonreír los jóvenes, y su sonrisa amplia ilumina su imagen –telas flotantes, blancas, doradas, agitadas por los vientos del desierto-. Les mira y sus ojos brillan, cómplices, y su sonrisa aun crece e ilumina las almas. Tan embebidos están contemplando las tres figuras que no se dan cuenta de la cabeza de dromedario que también ha atravesado la ventana.

-Lady Sophie –lo dice con aire cortesano, lo que no debe ser fácil cuando uno se está comiendo un manojo de zanahorias- buenas noches. Buenas noches, Sir Wilfredo, buenas noches Sra. Rat espero que sus pequeñines se encuentren en buen estado de salud.

-Buenas noches, están todos sanos y traviesos –responde la ratona con voz temblorosa.

-Lady Sophie, siempre tan hermosa y elegante –no tiene ni la menor idea de quien es el galante   comedor de zanahorias, le saluda con un femenino y casi cortesano movimiento de cabeza, agradece el cumplido pero no lo considera excesivo, simplemente justo.

-Bienvenido, Alí-Ben Yatal, emir de las arenas y califa de todos los desiertos –hay que ver la palabrería del saco de pulgas, Golfo o Wilfredo, o como morros se llame- Es un placer inesperado y gratísimo charlar con vos, aunque sean cortas siempre nuestras conversaciones. Una noche fría ¿no?

-Más que fría, extraña; aunque hermosa como pocas. También para mí, Sir Wilfredo, estos encuentros anuales un valiosísimo placer.

-Ciertamente los buenos amigos nunca están separados en sus corazones.

-Sabias palabras, como no podía ser menos viniendo de vos, Sire. Veo que hemos de retomar el viaje. Por cierto, Sir Wilfredo, veo que a sus humanos se les ha olvidado el anisete –se aleja con paso aun más majestuoso del que trajo.

-Una imperdonable negligencia, Mi Señor. Discúlpeles, al fin y al cabo son humanos y ya se sabe.

-Sí, ya se sabe –responde el dromedario y su voz suena lejana y difusa.

            Lady Sophie no saldría de sus varios asombros sino sintiera cómo el nivel de magia que ya parecía no haber, si se pudiera medir en algún tipo de unidades, ahora estaría bajo cero. Las tres figuras de las capas aparecen casi completas iluminadas por un resplandor blanco que sale de la casita donde dejaron la figurita del bebé. Pronto comienzan a caminar hacia la ventana diluyéndose de nuevo y según se acerca el nivel de magia desciende aun más y un gato sin magia es como un pez fuera del agua. La figura de los dorados ondulantes, aromas de desierto y sonrisa deslumbrante se les acerca y acaricia la cabeza de Golfo.

-Tú, pequeño, tienes la magia de entender a los humanos, algo casi imposible cuando ni entre ellos lo hacen. Usted, mi querida Sra. Rat –despacio y con sumo cuidado pasa un dedo por su blanco lomo-, tiene la magia de poder hacer imaginar a los humanos universos de todo tipo y aprender de lo que ellos mismos han imaginado. En cambio, Lady Sophie –acaricia ese punto entre la oreja y el cuello, el punto traidor lo llama, por que si se toca no se puede evitar un grato ronroneo- es y sabe. Es, y hubo un tiempo en que los hombres lo sabían, la puerta de los hombres a la Magia grande, la que les permite vivir y ella lo sabe, como lo son y lo saben todos los gatos; por eso ahora mismo está agobiada, no siente las magias ¿Sabe por qué, mi Lady? Por que estamos en la absoluta realidad. Lo demás son ensoñaciones, por eso os necesitan tanto, aunque, como vuestra hazaña de esta noche, no lo sepan nunca, o prefieran no saberlo pues quizás intuyan que les sería imposible vivir en la absoluta realidad. He de seguir mi camino, quedad en paz y alegría.

            Las últimas palabras suenan cuando ya monta su dromedario y el cortejo evanescente se pone en marcha, despacioso y eterno. Apenas deja de vérseles y el árbol, bueno, esa burda imitación, ya canta con sus cascabeles y campanitas, los copos caen y el fuego se aviva.

-¿Wilfredo? –comenta distraída Lady Sophie.

-Wilfredo Norberto Lambert decimoquinto.

-Abulta más el nombre que tú –deja caer la gata, más que nada por chinchar.

-Pues a mí me gusta –añade la Sra. Rat sacando su labor del bolsillo del delantal.

-Hay unos cojines que llenar de pelos y están cerca de la chimenea. ¿Os apetece pasar ahí lo que queda de noche –propone Lady Sophie.

-De acuerdo –responde Golfo/Wilfredo- pero antes habrá que encontrar el paso.

            Si, habrá qué hacerlo, pues toda la habitación esta llena de paquetes, grandes y pequeños envueltos en vistosos papeles y brillantes lazos. Mañana tendrá que hacer el número de colarse por todas partes y demás. Por fin llegan a los famosos cojines y se acomodan en ellos frotándose todo lo posible. Golfo hace lo propio y la Sra.Rat. encuentra una acogedora madriguera entre los cojines.

-Con que Wilfredo ¡eh? ¿Por qué les consienten que te llamen Golfo?

-A la niña de las trenzas le gusta llamarme así.

-Ya voy entendiendo.

-Delicioso lugar MyLady, procuraré dejar todo el pelo posible.

-Muchas gracias, Sir Wilfredo.

-No hay de qué, MyLady

            El silencio de la nevada les arrulla y el sueño les vence casi al instante, acabará cuando los humanos descubran los paquetes, al fin y al cabo no se puede esperar mucho: son humanos.
 

sábado, 27 de enero de 2018

LADY SOPHIE O NOCHE DE REYES 7

La Bestia
 
Así se hizo pero cuando Lady Sophie entre mil equilibrios bajó había tres figuras más en el portal: una gata gris, un perro con un lazo rosa y una diminuta y hacendosa ratona con cofia victoriana. Ellos no las vieron y los humanos recordarían que habían estado ahí “de siempre”. Las luces de castillo se fueron apagando y el estruendo de la orgía deja paso a un silencio decepcionado. Algún centinela se reincorpora a su puesto recomponiendo sus togas interiores. La estrella se va tranquilizando y el pueblecito coba su quieta y apacible normalidad ante los ojos de los tres. Lady Sophie se pregunta si los copos de nieve estarían ya cayendo.

-No creo –responde Golfo señalando con el hocico.

            De Lady Sophie se desprende un polvillo dorado formando una nube donde, entre destellos, se van formado imágenes que no terminan de definirse del todo, igual que el cortejo inmovilizado fuera pero más pesadas. Son las esencias de todos los felinos que en el mundo han sido. Hay un momento en que casi se perfilan por completo todos y cada uno. Justo entonces se acercan al pueblecito y se inclinan en respetuosa reverencia. Están todos: el ancestral Dientes de Sable, los leones con su aire de superioridad, los tigres, leopardos, panteras, pumas, jaguares, linces, los divinizados gatos egipcios, los sabios gatos de los magos y las brujas, los duales y enigmáticos gatos japoneses y el arquetipo de Gato: tan majestuoso como el león, tan misterioso como el egipcio, tan desconfiado como el tigre, tan sinuoso como la pantera, tan hogareño como los angora y todo ello en el brillo equívoco de sus ojos. Eso sin contar con especies extintas en tiempos remotos. Toda la felinidad se había concentrado en ella y ahora vuelven a donde quiera que estuvieran antes presentando sus respetos a la figurita del bebé, o eso le parece a ella pero no podría asegurarlo. Cierra la comitiva el gato callejero trotando feliz.

-Lady Shophie –dice la Sra. Rat escondida entre las patas de golfo, aterrada ante tanto felino- sus ojos ya no son rojos.

            Lo que fuera que haya pasado, está acabando. Julieta ha dejado de apuñalar a Romeo y recobraba su compostura. Napoleón vuelve a montar su caballo aunque con cierta expresión de desconfianza, la bailarina se recupera del desmayo sin que nadie le acerque las sales. Hasta las destrozadas Gracias se recomponen y siguen mirando al David con ojos libidinosos y los bailarines rococó, ya con las cabezas en su sitio, vuelven a bailar esa música inaudible. Los puros, ruborizados, se apresuran a cubrir sus vergüenzas y vestirse con sus vitolas y el Pensador deja de hacer crucigramas.
           

viernes, 26 de enero de 2018

LADY SPHIE O NOCHE DE REYES 6

 
Mr Thomas
 
-Pero ¿cómo vamos a cargarnos a semejante monstruo? –argumenta Golfo.
-Perdón, yo lo voy a matar, no vosotros. –en las vitrinas las copas han roto el cristal y se van suicidando una tras otra tirándose al vacío y Romeo le está pegando una soberana paliza a una Julieta rebelde dispuesta a acuchillarle, a tirarle por el balcón, o ambas cosas-. Y la cosa empieza a ser urgente, me temo. Allá voy.
-Quieeeta parada, walkiria felina, -el cánido parece tener una mayor visión de conjunto-. Si peleas debajo del pueblecito se vendrá abajo y ya no habrá donde poner al bebé. No queda más remedio que sacarlo a campo abierto. Uno de nosotros tiene que hacer que le persiga hasta donde puedas atacar.
-Iré yo –dice decidida y heroica la Sra. Rat atándose los lazos de la cofia para que no se le caiga en la carrera.
-Tiene usted ciento cincuenta hijos que criar.
-¿Le parece a usted poco motivo? –les entra la risa floja a los dos, pero no a ella que aventa el aire para saber qué esté pasando y como se mueve la magia.
-Iré yo –Golfo no tiene medio zarpazo pero está demostrando que no es un cobarde-. Le pego un par de ladridos de los míos y salgo corriendo hacia la alfombra.
-Con tu voz de tiza en pizarra, habrá que ver si detrás de ti o huyendo de tu chirrido.
-Si hubiera tiempo ibas a oír una buena sesión de chirridos. En cualquier caso lo alejaré del pueblecito.
-Golfo –grita poniéndose en jarras la Sra. Rat- tus patitas son casi tan cortas como las mías, es peligrosísimo para ti, yo me puedo meter en cualquier grieta pero tú no.
-Iré yo –responde tajante.
            Lady Sophie no las tiene todas consigo pero sí la necesidad de enfrentarse, combatir y… matar. Le preocupa ese aroma casi imperceptible que va llenando el aire. Sí, es una magia distinta. No, ni siquiera es magia. Polvo de desiertos milenarios, cebras con aroma de incienso, antílopes aterrados, perseguidos. Le parece sentir que cada felino que en el mundo ha sido entraran en ella torrencialmente y, al mismo tiempo, que siempre han estado ahí. Se sienta erguida en medio de la alfombra, como si esperara a un amigo pero también como los hieráticos gatos egipcios, sus remotos antepasados. Sus ojos espejean en un verde deslumbrante,  las orejas tiesas. La calma gatuna personificada, ese sosiego que nos produce verlos en los alfeizares tomando el sol.
-Me fastidia reconocerlo pero… mírela.
-Pues tú eres el cebo, así que más le vale –la Sra. Rat tiene un tono solemne- y ten en cuenta que en eso sólo hay maldad, más de la que podamos imaginar. ¿Estás seguro de correr lo suficiente?
-Pues no.
-Ya.
            La Sra. Rat se sube a la mesa con una vista inmejorable de lo que vaya a ocurrir y de la ventana que deja ver los copos aun suspendidos. Inesperadamente Golfo aparece corriendo con sus pasitos cortos pero casi convulsos de la rapidez con que mueve sus patas, detrás, La Bestia le persigue y va ganando terreno. Aun inmóvil, el brillo de los ojos de Lady Sophie va cambiando hasta el rojo sangre, mira como si no pasara nada hasta que de un salto casi vertical y un grito raro cae en el cuello de la Bestia, y lanza zarpazos buscando los ojos, no los alcanza pero a cada intento deja cuatro profundos surcos sangrantes. La Bestia se revuelve y a la gata casi le divierte. “Te va a dar lo mismo. Esta noche mueres, miserable ratoncillo”. Ella también se revuelve y acaba aferrada al hocico de la Bestia con dieciséis cuchillas cortando a tal velocidad que la Bestia apenas puede reaccionar, pero acaba haciéndolo con tan violentamente que arroja Lady Sophie. “Inútil bicharraco” que con un golpe de lomo se da la vuelta en el aire para caer exactamente en el punto de donde ha partido. De sus muchos zarpazos, uno ha dado en algún punto especialmente doloroso. La Bestia aulla y se yergue sobre sus patas traseras.la gata suelta presa, la bestia se confía y salta sobre ella pero ella también, las fuerzas se descompensan y ambas caen, pero con una sutil diferencia: los gatos siempre caen de pie y la Bestia queda patas arriba unos pocos segundos Lady Sophie aun sin tocar el suelo hace que sus patas funcionen como muelles apoyándose en algo de firmeza granítica, gira en el aire y ataca. En el aire, de alguna parte, del tiempo quizás escucha una voz trenzada de miles de millones voces: “Ahora, mata”. Cae sobre el vientre de la Bestia que no ha tenido ni esos pocos segundos que necesitaba para darse la vuelta. Lady Sophie ya sabe lo que tiene que hacer y deja salir toda su ferocidad concentrada. Clava, corta, muerde sin que ni garras ni dientes le alcancen a ella. Oye sin escuchar los chillidos agónicos de la Bestia, luego sus convulsiones de muerte pero no ceja en su ataque hasta que ver rodar la gigantesca cabeza cortada a golpe de zarpa. “Te dije que morirías esta noche, alimaña luciferina, y yo, nobleza obliga, siempre cumplo mi palabra. Se aleja con sus andares más sofisticados para no mancharse con la sangre y comprueba que, salvo un par de arañazos, ha salido indemne del combate. Se da la vuelta para contemplar su obra. No sólo ha decapitado a la Bestia sino que, literalmente, la ha abierto en canal. Levanta la mirada buscando a alguien que le diga si está tan ensangrentada como cree y ve a la Sra. Rat con los ojos como platos y con la boca tan abierta que ha dejado de roer.  
-Sra. Rat ¿se encuentra bien?
-¿Yo? Parece ser que peor que usted, desde luego.
-¿Estoy muy ensangrentada? –ante todo, coqueta.
-Es increíble pero sólo un poco las garras.
-¿Llegó a alcanzar a Golfo?
-No, Lady Sophie, se lanzó usted justo en el momento –aparece por ahí el lazo rosa con perro debajo.
-Me inclino ante tu valor, fuiste un cebo indefenso  -le llamaría héroe pero es capaz de creérselo, claro que lo es pero no será ella quien se lo diga directamente.
-Era mi deber. Usted, MyLady sí que ha luchado como si no hubiera un mañana –pero había un pasado recóndito que apareció en el corazón asesino de la gata.
-Es que podía no haberlo –por puro instinto Lady Sophie ya ha empezado a atusarse.
-Lamento interrumpir tan versallesca conversación pero ¿no nos estamos olvidando de algo? –interviene la Sra. Rat con ese pragmatismo de ama de nido tan peculiar.
-La figurita del bebé –dicen casi a duo.
-Yo la traigo y tú la subes –organiza Golfo sin que le cuestione la decisión.

lunes, 22 de enero de 2018

LADY SOPHIE O NOCHE DE REYES 5



-También es verdad.

            Lady Sophie ya no les escucha. Está concentrándose. Sabe que todo aquello es muy inestable, todo está en un precario equilibrio pero, como buen gato doméstico, estuvo en el medio cuando lo hicieron, curioseando. Por eso sabe, sobre poco más o menos, donde están los apoyos más sólidos. Cuando quiere darse cuenta está en pleno salto, desde abajo parece volar sobre todo cuando posa las cuatro patas en apenas cuatro centímetros. Ahora es ella la inestable. Empieza a avanzar esquivando las figuras, a cada paso el tablero tiembla más y aun le queda un largo camino complicado por los pastores y los rebaños. Menos mal que éstos no han cobrado vida, sólo en el castillo hay luminarias y el lejano ruido de una fiesta/orgía.

-¡Cuidado con el sembrado! –advierte Golfo.

            Decididamente lo único sensato que hacen los humanos es convivir con los gatos ¿A quien se le ocurre poner un campo arado en semejante sitio? Una por una las patas evitan el sembrado. La cosa brillante con la que han pretendido simular un río –se pregunta dónde habrán visto un río plateado estos irresponsables- le permite unas pisadas más rápidas y seguras. Tiembla más el tablero cuanto más deprisa se mueve pero si se quedara quieta acabaría por vencerse en algún lado. Si encontrara el caballete que pusieron bajo el centro del tablero podría saltar hasta el extremo donde está esa caverna o lo que sea; pero, claro, hay que encontrarlo, saltando desde otro sitio el desastre está asegurado y el descabalamiento mágico no tendría arreglo. De reojo ve una caja de puros donde en el balcón de Julieta ella y Romeo mantienen una violenta discusión sobre el color de los azulejos de la cocina, entretanto los puros se fuman solos entre conversaciones groseras, de orgía pues, al fin y al cabo al despojarse de las vitolas quedan desnudos en obsceno montón. La situación va a peor. Por fin, al tacto, encuentra el apoyo del caballete y con la suerte de que han puesto un par de piedras planas. Golfo le ve las intenciones y grita que no haga barbaridades que sólo suena como un “guau” no demasiado estridente. Si no ha hecho nunca caso a nadie, se lo va a hacer a él, como diría su abuela “amosanda”. Se asienta en la parte sólida y se prepara para un salto milimétrico que debe ir de borriqueta a borriqueta exacta o todo se vendrá abajo. Lo hace, sus manos apoyan en firme pero no las patas traseras, para minimizar destrozos las separa y espera a ver donde caen. Todo tiembla y parece que se va a rodar por el suelo, pero poco a poco se asienta.

-Tranquila Sofía, no se ha caído ni desmantelado nada –le dice Golfo todavía agitado.

            Casi sin mover más que la cabeza mira dentro de la casa o caverna o lo que sea. Ahí no hay ni restos de la figurita del bebé pero sí el hueco claramente marcado de donde debería estar.

-No hay bebé, Golfo.

-Pues sal de ahí que tenemos que encontrarlo

-Si las crías humanas –razona la Sra. Rat dándole al ganchillo con velocidad inimaginable, propia de cuando está muy alterada- han estado por aquí lo más fácil es que haya caído por detrás. Yo me ocupo de buscar por ahí.

-Sofía, sal de ahí que luego habrá que subirle.

-Estaba empezando a temérmelo –ironía hecha felino.

-Ten cuidado, que los gatos sois muy patosos bajando –pero no para saltar. Un salto limpio y elegante, como suyo, y ya está en la mesa.

-Escucha, saco de pulgas, me habían  llamado muchas cosas pero jamás patosa. Así que mide tus palabras, cepillo con patas

-Creo que no es el momento para disculparse. Mira.

            La Sra. Rat corre hacia ellos despavorida, chillando con tal registro que incluso Golfo, acostumbrado a estos sonidos inaudibles le hiere.

-¿Qué se ve?, ¿No está ahí?

-Si está ahí detrás como supusimos.

-Habiendo cachorros humanos de por medio era lo… -intenta apuntar Golfo.

-Pero no está solo –los cristales de toda la casa deben estar a punto de estallar, un tono totalmente contrario a la habitualmente apacible Sra Rat.

-A ver, cálmese y díganos quien o qué demonios está ahí.

            La ratona va recuperándose hasta volver a su ser de imperturbable madre de y ama de nido de siempre, más o menos.

-Eso, un demonio hecho rata o una rata hecha demonio, no lo sé. ¿Recuerda, Lady Sophie, la rata negra del callejón de atrás con quien se las tuvo tiesas varias veces hasta que la mató?

-Por supuesto, pero no me la comí. Era demasiado repugnante incluso para ser rata e incluso para estar muerta.

-Pues lo que hay delante de la figurita del bebé es más del doble que aquella y… bueno, parece un monstruo salido del mismísimo infierno, al verlo lo único que puedes pensar es “sólo quiere matar, ha nacido para matar….todo”

¿Qué podemos hacer, Sofia?

-Matarlo –y los ojos de la gata espejean con un verde luminoso-, aunque imagino que no será comestible. No sólo eso ha nacido para matar –para unos ojos atentos las uñas de las garras han brillado con un todo acerado.

domingo, 14 de enero de 2018

LADY SOPHIE O NOCHE DE REYES 4


            No sólo el árbol ha dejado de sonar sino que ha desaparecido cualquier atisbo de magia, eso no ocurre nunca y menos en estos días más cortos. Corre a la ventana y se le ponen los pelos –todos- de punta. Efectivamente, el suelo y los árboles, los de verdad, están blancos pero los gruesos copos siguen cayendo, exactamente eso “siguen cayendo” sin acabar de hacerlo. Han quedado suspendidos en el aire. Empuja con fuerza el árbol falso pero por más sacudidas que le dé no suena ni un cascabel. Se encaja las gafas intentando no perder la compostura ni la sensatez que la caracterizan, que por lo menos alguien lo haga pues todos están a punto de volverse más locos, si ello fuera posible. La bailarina de la pierna en alto amenaza con desmayarse y sólo espera para hacerlo que haya alguien cerca para recogerla y no caer en una posición poco decorosa. El Lord cazador no está en su etiqueta y sus sabuesos se apiñan temblorosos igual que la colección de búhos.

- Hay que hablar con el Sr. Thomas, vamos, Lazoconpatas.

- Hasta aquí hemos llegado –se le planta haciéndole frente-¿Crees que me gusta el ridículo lacito? Pues no; y ya estoy harto de cómo me tratas por doblarme el tamaño. Pequeño pero no tonto “Lady Sophie”. Harto estoy de ti y de tu alcurnia que yo también tengo mi pedigree y tú… Tú parece que has descubierto algo “hay que hablar con el Sr. Thomas”  -ese “y tú” que ha quedado en el aire iba a preceder a una ofensa, tanto más cuanto no hubiera sido falsa, del todo; al final Golfo va a ser un caballero; sí es posible que ella le machacara en una pelea pero no se iba a ir de rositas- Pues que sepas que el Sr. Thomas está neutralizado: se le han indigestado las Obras Completas de Henry James, en inglés.

-Of course -¿y a quién no?

-Eres lo único vivo que tiene radar para estas cosas. Los perros nos hemos ocupado demasiado de los humanos y las hemos ido olvidando.

-Ejem, Golfo ¿Te gustaría que se rompiera el lazo? –discreta, muestra las uñas que no tendrían problema en cortarlo.

-A mí sí, pero a la humana bajita de las trenzas, no. Así que vamos a dejarlo. ¿No te parece que, ahora mismo tenemos problemas más importantes que mi lazo? Además ya no debe faltar mucho para… Oh no. Creo que hoy es la noche.

            Hay que ver lo que puede correr con esas patitas tan cortas. Le sigue hasta el alfeizar y ahí está el cortejo de camellos y destellos completamente parado, como los copos.

-¿Qué dice tu radar mágico, Sofía?

-Que casi no hay magia. Nunca he sentido esta casa tan seca.

            Sobre la alfombra, de uno de los libros de cuentos que han quedado abiertos se suelta, como una hoja en otoño, un hada de las de cucurucho en la cabeza y varita con estrella en la punta, que ahora, Lady Sophie, ya no sabe si  es mágica o no. Revolotea en torno a ellos extendiendo sus alas de mariposa –el instinto más básico de un felino, después de rasgar cortinas, es el de cazar mariposas, así podemos imaginar los esfuerzos de Lady Sophie para no hacerlo- . Por fin se queda aleteando pero quieta, como un colibrí, y con voz firme pero suave:

-No, Sofia. Te equivocas. Lo que pasa es que es la Vieja Magia, muy anterior a que tu especie llegara a Europa.

-Siglo II –puntualiza Golfo.

-Sí, pero la Buena Vieja Magia murió o poco menos cuando talaron nuestros robledales. Así la Maligna Vieja Magia no tenia rival aunque quedara débil. Hoy algo ha pasado, ha atacado y se ha encontrado con la Nueva Magia. Se han equilibrado, anulándose la una a la otra. Tenéis que qué saber que ha pasado y arreglarlo o la vida será sólo química, sin ilusión por nada ni por nadie. Será sequedad y la certeza de que no vale la pena vivirla. Sabemos que ha sido aquí por que aquí ve

            El hada como una hoja muerta de otoño cae muerta. Viven poco las hadas y ésta vuelve  a ser un bello dibujo en un cuento ilustrado.

-Cinderella –lee Golfo.

-Creo que–reconoce, humilde a la fuerza- esto está fuera de mi alcance.

-Pues algo hay que hacer, mira.

            Las piezas del ajedrez luchan a navajazos en cruento combate. Los gallos de pelea de porcelana de la Granja se están destrozando, dispuestos a matarse, la bailarina por fin se ha desmayado sin esperar al galán que la cogiera, aun así ha caído con mucho estilo, reconoce Lady Sophie, y los bailarines enamorados han sido decapitados y sus cabezas ruedan a sus pies.

-Céntrate, Sofía. Nosotros los perros siempre hemos estado más cerca de la magia humana, que ahora no parece servir de nada, pero los gatos siempre estáis a medio camino de todo. Del sueño, de las diversas magias, entre la mascota que arrulla y el tigre que asesina, e incluso cosas más serias. Detesto decirlo pero de los pocos que quedamos con la cabeza más o menos en su sitio –de reojo ve como la colección de soldaditos de plomo lucha para sujetar a un guardia real inglés empeñado en arrojarse a las ascuas –tú eres la única que estás en tu elemento precisamente por qué no tienes elemento.

-Suena a grosería pero tiene su lógica, perruna, pero lógica. Déjame ver.

            Lady Sophie sube hasta lo más alto que es una repisa con carísimas reproducciones de obras clásicas. Un busto de Atenea renegando en griego antiguo algo sobre un cuervo y un hombre que, parece ser, empinaba demasiado el codo. Las Gracias de un tal Canova no dejan de decirle cosas muy, pero que muy subidas de tono, al musculoso David que ya no sabe cómo ni  qué taparse. Las Gracias se interrumpen unas a otras entre chilliditos picantes, por no pasar a palabras mayores. “A la porra” piensa no muy elegantemente y de un zarpazo en absoluto delicado las tira de la repisa. Qué alivio. Una voz que le pone el corazón en la garganta como algún galán de otros tiempos, profunda y casi perfecta.

-Grazie tante bellísima Lady Sphie –ya, los italianos como siempre irresistiblemente seductores, como si no supiera todo el mundo lo suyo.

-Céntrate –oye desde muy abajo a Golfo que la ve perdida en las formas del David.

            No es fácil, pues el Pensador no deja de susurrar “yunque de platero, tas. Nombre de mujer de tres letras, Ana o Eva, pongo la A que…” Un runrún que casi adormece. Cierra los ojos y deja que sea su akásika naturaleza felina y depredadora quien tome el mando. Algo no va bien –“la presa”, dice el instinto, “que te calles”, contesta-, algo no está en su sitio y eso altera todo. Lady Sophie recupera su habitual elegante compostura –todavía con imágenes de los tiempos en que los felinos gobernaban la tierra y eran venerados como dioses- y desciende por su medio predilecto: rasgando la cortina de arriba abajo.

-Esto: algo no está en su sitio, vale, pero ¿qué? –dice Golfo enfurecido con uno de sus saltitos a cuatro patas.

-¿No será asunto humano? Ya sabes que estos días están todos idos.

-Sí, un poco más idos. Teniendo en cuenta que ellos nunca ponen nada en su sitio, tiene que ser algo muy, pero que muy importante –en una lámina el caballo patea a Napoleón cruzando los Alpes “hasta las crines me tienes” le dice mientras intenta machacarle el cráneo, desde luego la cosa es grave- y no muy grande, todo lo contrario o se habrían dado cuenta antes de irse a dormir precisamente esta noche. A veces son muy listos.

-Pues nadie lo diría..

-Te llevas cada sorpresa con ellos, sobre todo con sus cachorros ¡Por todos los huesos que no enterré! ¿sabes si los cachorros, digo, niños, han estado trasteando por aquí cerca?

-No lo sé pues tengo por norma esconderme lo más lejos posible cuando andan cerca.

-Venga, corre. Tenemos que ir al pueblecito, es lo que más les gusta toquetear.

            Sinuosa y agazapada, alertada por la ausencia casi absoluta de magia, o la presencia de otra desconocida que, parece, es muy delicada, avanza como si fuera de caza; Golfo con sus mini-patas movidas a la velocidad del sonido o poco menos casi le adelanta esquivando cualquier obstáculo tan hábilmente como ella con otro estilo menos sofisticado, pero nadie espera que un perro sea sofisticado, salvo los ingleses, of course. Es ágil el chucho y de un par de brincos se aposta sobre el respaldo de una butaca.

-No se puede ver.

-¿Qué es lo que no se puede ver?

-Allá, en la esquina del fondo del pueblecito debe haber un bebé, la figurita de un bebé.

-¿Cómo los que nos pillan la cola con la cuna?

-Sí, pero sin cuna. Si los cachorros humanos han estado por aquí puede haber pasado cualquier cosa.

-Sí, son una catástrofe natural.

-A ver, Sofi: es necesario que la figurita esté ahí, para ellos es muy importante -¿Cómo qué Sofi? Reconoce que no es el momento pero no piensa tolerar esas confianzas-.Tenemos que ir a comprobarlo. Se coge el camino de serrín y se llega directamente. No tiene pérdida.

-¿Pero como? Cumpliendo con mi deber de gata doméstica, ejem, estuve en medio cuando lo montaron y está todo en el aire, apenas apoya en un par de sitios. Si no se cae de… milagro –eso suena especialmente raro en esta atomósfera-. No soportaría el peso de nadie -¿o sí?-. Vuelvo enseguida.

            Corre hasta la grieta de la Sra. Rat, que está haciendo ganchillo a la puerta para relajarse y la pone al tanto de la situación. La ratona duda pero cuando ve al teléfono en animada charla con el picaporte, deja de hacerlo pensando que la desagradable voz de timbre del teléfono acabará por despertar a sus crías. Se coloca la cofia victoriana de tradición inmemorial en la familia ratonil y se lanza como un relámpago blanco y rosa hacia el puesto de vigilancia de Golfo.

-Yo que si aguantará el peso de la Sra. Rat.

-Perdone Lady Sophie: ¿está usted chiflada o qué?, ¿Se imagina como quedaría el camino de serrín después? Si los humanos descubren que vivimos aquí me puedo dar por muerta.

-Con todas las huellas de sus patitas –concluye Golfo-. No deberían saber que hemos rondado por ahí. Eh, a mí no me mires: soy un cepillo con patas, no es que dejara huellas, es que me llevo el camino puesto. Me temo, y bien que lo siento, que tendremos que confiar en ti.

-Pero peso mucho más que vosotros –razona desoyendo la grosería del chucho.

-Cierto a medias –contesta Golfo- Te he visto correr por la cuerda del tendedero cuando estaba a punto de romperse. Es un don gatesco, pasáis de que nos e os pueda mover ni con grúa –tendrá que preguntarle que es eso de “grúa” pero sigue sin ser el momento- a la ligereza más elegante –ha dicho “elegante” como si le doliera.

-Las huellas serán más grandes.

-¿Con esas almohadillas? Vamos, vamos Lady Sophie. ¡Ha pasado entre ms ciento cincuenta hijos sin tocar a ninguno.

-Eso también, eres escurridiza y sinuosa. Puedes sortear cualquier obstáculo; y no lo digo como elogio. Sólo te temo en los saltos, ahí sí que puedes dejar huellas.

-Y tirar todo el montaje –remata la Sra. Rat.

-O eso o, ya lo has oído, vivir sin magia y sin ilusión. Sofia, no sé si a eso se le podría llamar vivir.

-Bueno, al fin y al cabo corre por mis venas sangre de guerreros.

-Mas bien de saltimbanquis –reniega Golfo por lo bajo.
-Casi mejor. ¿No? –responde, práctica la ratona