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martes, 17 de octubre de 2017

Octubre

En octubre se acaba el almanaque anterior y hoy comenzamos uno nuevo. Vamos a hacerlo con una serie de portadas de Vogue entre los años 10 y los 30 del pasado siglo.


Me gusta Octubre. Un mes apacible, una delicada y cómoda de paso hacia el invierno. Parece que este año no va a ser así, incluso puede que sea tiempo de revolcones históricos. Como historiador  diría que van a ser tiempos muy pero que muy interesantes, aunque no quisiera ser yo quien las estudiara dentro de algunos años. El inolvidable y añorado Terry Prachett dejó escrita una maldición de Mundodisco: “ojalá te toque vivir tiempos interesantes”. Pues eso que tanto tiempo interesante y tanta “jornada histórica” me tienen hasta … las narices por no decir algo malsonante pero quizás más expresivo.
Que uno ya tiene sus años y ¡Qué años! Del 75 al 86 fueron años tan “interesantes” como para toda una vida, y uno espera que aquel guirigay algo, sino todo, hubiera quedado mínimamente encarrilado y avanzando. Pues no. ¡Qué ganas de vivir tiempos aburridos! O por lo menos, no tener que asistir a delirios universales de no sé qué, delirios que hacen a quien no quiera perder la cordura tiene que hacer como que el mundo, simplemente, no fuera con él. Ni siquiera como espectador.
Aquello tan manido  de “paren el mundo que me apeo”, pues eso. El mundo no se ha parado pero no pocos nos hemos apeado ¿o nos han echado?
Y va de citas: “si no haces política, alguien la hará contra ti”, o sea, contra todos.Bueno, no, sólo contra quienes no pertenecemos a su clase, no uso “casta” por qué el término ha sido degradado por el uso y abuso de los recién llegados a ella.
Vamos, que a este octubre hay que defenderlo como mes apacible contra todos los ataques como dijo Benedetti : “Defender la alegría de Dios y de los hombres. También la alegría”. Nos va la cordura en ello.

Entretanto, los incendios. Tenía que arder Troya pero… arde Galicia.

jueves, 12 de octubre de 2017

HISPA ¡QUE?

Mamarrachadas como esta que se veían forzaos los pintores a realizar han hecho, junto a su utilización por los diversos regímenes políticos, han ayudado muy poco a la hora de tratar el tema

Ah, era Hispanidad,. Despistes tengo. No soy patriótico ni patriotero. Es más, todo lo contrario, así que nadie espere que saque bandera alguna ni proclamen nada. Nunca me ha gustado ni ponerme orejeras ni que tiren de las riendas de mi pensamiento. Reconozco que no es fácil, es más, nadie puede lograrlo por completo. Ni fácil ni cómodo. Al pensar por cuenta propia y formar uno se convierte en el Enemigo.  No sé de quien es la letra pero lo cantaba Paco Ibáñez: No, a la gente/no gusta qué/ uno tenga su propia fe/ todos todos me miran mal/ menos los ciegos/ es natural.  Poco o nada se puede añadir sobre este punto.
Por estas fechas siempre hay polémicas sobre si explotación o civilización,  sobre qué es exactamente “Hispanidad” etc., etc. y otro etc. Pesados, cinco siglos con la misma pepla. A veces creo que sólo lo hacen bien para llamar la atención bien por irritar sin más. Y no es que me importe pero no soporto la estupidez ajena ni la propia (pensar que a alguien le interese mi opinión no deja de ser una estupidez por mi parte.
 
 
  Por un momento sustituyamos “Colonización Ibérica” por “Romanización”, creo que ya queda clara la idea. Luces y sombras. La luz, en pintura, oscurece las sombras y sólo éstas pueden resaltar las luces. Contra lo que quieren decirnos el mundo no se entiende si no se mira por Bloques Culturales y sólo por ellos pues determinan todo lo que se quiera pensar, decir o tergiversar;  y de lo que no cabe duda es de que la mal bautizada “Hispanidad” es el Bloque Ibérico, nos pongamos como nos pongamos (Ibero, incluyendo deliberadamente Portugal pues, desde luego los portugueses son más parecidos a nosotros que a los del, por ejemplo, Bloque Extremo Oriental), ¿Celebrarlo? No tengo opinión, ¿Conmemorarlo? Desde luego, aunque sólo sea para recordar al Bloque  Anglo-sajón-germánico que no es el único del planeta.

 
Lo que ha dado en llamarse Hispanidad es al mismo tiempo, una más de las barbaridades que hace el hombre con el hombre y un casi telúrico encuentro que, sin quitar lo dicho, no podía sino abrir los ojos a una nueva concepción del mundo y a un intercambio lamentablemente no sólo cultural pero también y en gran parte cultural. Sin ese encuentro ya no se concibe el mundo, sin ese mal repartido intercambio no entenderíamos nuestra vida cotidiana. El idioma, la religión (que ahí ninguno anduvo fino) y una cierta actitud ante el mundo y la vida, el oro y la plata (que solían acabar en Roma) sin olvidar, es más colocándolos en primer término, ciertos alimentos, garbanzos, tomate, maíz, mi padre recuerda la carne que proporcionó Evita en los años más negros. Entre ellos vinieron dos joyas, la una salvó a media Europa del hambre y digo media por no decir toda (en más de una ocasión): la humilde patata. La otra es realmente un regalo de los dioses (nunca agradeceremos suficiente que lo encontráramos o nos lo regalaran, después de las Religiones del Libro, si hubiera sido antes sería considerado pecaminoso y, desde luego, prohibidísimo),  hablo de ese éxtasis de los sentidos, ese consuelo para el desamor, ese elemento en torno al que han girado celebraciones y meriendas, esa materia prima que alcanza formas y matices inimaginables en textura, sabor, preparación, esa bendición que es el cacao, léase chocolate. Nada de cuanto aportamos a ese nuevo mundo iguala ese regalo. Dejando frivolidades y volviendo al tono pedantesco del principio, sí que me parece algo digno de ser recordado un día en especial, aunque no podamos dejar de hacerlo ninguno, nos debemos demasiado, nos odiamos demasiado y nos amamos demasiado como para dejarlo pasar. En cuanto celebrar o no y de qué modo es harina de otro costal que dependerá siempre del politicastro de turno y que en la Historia ni existirá.
Por cierto, Felicidades a las Pilares.

martes, 10 de octubre de 2017

Septiembre en pasado

Septiembre
 
Septiembre es mes de principios , de cursos, bodas, cambios de ritmo etc. pero esto ya lo he dicho alguna vez.
El de este año, para mí, ha sido especialmente complicado. Empezó mal y siguió mejorando lentamente y terminó en la misma tónica. Entendámonos "mejorar" el hecho de no ir a peor hay que entenderlo como "mantenerse".
Este año resultó ser un septiembre continuación de agosto, bastante tonto, por otra parte. Inocuo septiembre en lo personal, mucha sala de espera en hospital, eso sí. Mucha adrenalina desperdiciada en ello y poco más. En lo colectivo: repetitivo, viejo, estúpido, aterrador y degradado. En fin, que os voy a contar.
No voy a entrar, de momento, en lo que todos pensamos pero si quiero comentar, no sé si viene a cuento, que jamás llegué a pensar que vería un retroceso tal en todos los temas (cine, política, pensamiento, guerras de religión, un cementerio llamado Mediterráneo, Trump, el coreano) Estamos avanzando al mismo tiempo y a la misma velocidad hacia la autodestrucción con medios ultratecnólogicos y hacia la más siniestras curvas del oscurantismo medieval. El peligro de lo "políticamente correcto" está resultando ser más censor y represor que la Santa Inquisición. No quiero ponerme apocalíptico pero entre ambas cosas veo el futuro negro y sobre todo, corto.


martes, 3 de octubre de 2017

Agosto en pasado.

Como decían no se donde "Heee vuelto". Dudé que pudiera volver a hacerlo pero lo logré. He tenido varias averías. La última fue no poder acceder al blog. Como uno es de la era de la radio de lámparas me ha costado lo que no esta en los escritos encontrar el modo.
El caso es que había escrito un par de cosas para publicar en agosto y no quería dejarlas morir ahí tiradas.
Agosto 2017.

Sin duda agosto es el mes más surrealista del año. Detesto profundamente el surrealismo en parte por que vivimos demasiado sumergidos en él o quizás por qué mis cortas luces no dan para más.

Por supuesto los usos y costumbres de los humanos en agosto ya ni los menciono; en sí mismo es absurdo, una lenta y calurosa transición del insoportable julio a septiembre, el mes de todos los principios y al acogedor otoño.

Nada ni nadie está en agosto en su sitio. Las ciudades ya no se vacían como hace años y la figura del Rodríguez ya es cosa del pasado, de la época de los Pajares, Esteso y lo peor de José Luis López Vázquez, pero no intentes hablar con un amigo, está de vacaciones y, por principio, yo las respeto, aunque me temo que sea el único que piense que el tiempo libre es tiempo libre y si no entras como parte de ese tiempo libre es que está viviéndolo de otra manera, y más en vacaciones veraniegas.

En mi barrio hay un muro duro de cemento gris muerto. Ante él una larga fila de altos y afinados cipreses a un lado de la calle, al otro lado por encima de las tapias de ladrillo erosionado de los cementerios asoman añejos, muy añejos, otros cipreses. Las tapias dan una sombra profunda y fresca bajo las moreras, todos los niños del barrio hemos ido para criar gusanos de seda. Durante el resto del año el tráfico, los ciclistas, los corredores/opositores y hasta los onanistas impenitentes dan una vida que en agosto se esfuma (sí, el pajillero también) y el sol brutal sobre el muro gris muerto impone un paisaje de De Chirico o Dalí. Lo único que mantiene algo de vida son los enormes nidos de cotorras verdes y escandalosas.

Ni siquiera hay corredores semidesnudos luciendo músculo que rompan el desasosiego de los inquietantes días de agosto. Claro, en frío, así, de buenas a primeras la pregunta es ¿y por qué no bajará este panoli por el otro lado de la calle, a la sombra de los muros y las moreras? No es ningún misterio, esa acera pertenece a una de las sacramentales y no han querido poner acera, así que, subas o bajes no queda más que atravesar el paredón de cemento.

Y luego están las noches, esas noches de verano con las que soñamos todo el año, de las que esperamos algo inconcreto, delicado como la seda negra, que no sabríamos definir pero que nunca llega, sí, acaso una vez en la vida a unos pocos elegidos les llega esa “noche más hermosa” tan cinematográfica ella. A los demás las noches de agosto  nos dejan el regusto de la cita que no tuvimos. Entonamos viejos boleros y, antes de darnos cuenta, nos hemos puesto la gabardina y perdemos la mirada en las gotas tras los cristales o las hojas caer rebosando una nostalgia de lo que ni siquiera sabíamos que esperábamos pero que nos enquistó las ganas de llorar sin motivo en el pecho por qué las lágrimas son rebeldes cuando las necesitas, y cuando envejezcas y ya hayas vivido suficientes noches de verano como para conocerlas esas lágrimas que nunca brotan, que nunca caen, se nos agolpan en el pecho desde junio, nostalgias estúpidas de lo que nunca en todos los años de su vida ocurrió. Pero aún hay algo peor: que sigues esperando que un fugaz rayo de luna haga tu, ya ajada, piel deseada aunque sólo por una noche, esa noche más hermosa, aun sabiendo que tú, yo y muchos más no seremos los elegidos este verano, tampoco y nos violentamos para creer, o fingirlo, y esperar que quizás el próximo verano… y las lágrimas que no brotaron ya son piedras y seguimos esperando bajo las lágrimas de San Lorenzo esa noche ese rayo de luna y esas palabras que ni en nuestra mayor intimidad podemos reconocer la mortal melancolía de querer escuchar y todavía no hemos oído. Y ese absurdo “todavía” hace que las lágrimas petrificadas nos ahoguen como diluvio de pedrísco.
 

Agosto es mes siniestro, no hay más que mirar las estadísticas pero no hace falta, para algunos los veranos, los agostos han sido yunque sobre el que recibimos  esos crueles martillazos que nos han ido tocando. De siete de abril a siete de septiembre vinieron los golpes que hicieron que mi vida no sea tal sino una parodia de sainete y farsa y que, todavía, intenta creer que vale la pena y que un verano cualquiera nos rozará ese rayo de luna y vivir vuelva a tener sentido. Sin embargo, es un esfuerzo agotador pues, sintamos lo que sintamos, sabemos que no yque los necrófilos aniversarios universales (Hiroshima, Marilyn,  y no pretendo ponerlos a la misma altura, incluso Elvis)  y personales (enfermedad, muertes, dos en diez días de agosto) siempre, ellos sí, siempre estarán ahí. Sin poder dejarlos atrás obligándonos a fingir, a convencerme de que sí, de que el verano que viene llegará esa “noche más hermosa”.

jueves, 20 de julio de 2017

La cas gana



¿Será la casa como el tiempo? Que parece no pasar y, de repente, se pregunta uno qué ha pasado con los últimos treinta años y que ha estado haciendo todo ese tiempo. Intenta recordar pero sólo se le vienen a la cabeza golpes de luz sobre enfermedades y muertos, una larga procesión de muertos, de vacíos de los que ya ni se es consciente.
¿Quizás las casas, los pisos como el tiempo devoran a sus hijos, o mejor, los ahoga en la arena cálida de uno o varios recuerdos, pero siempre hay uno que se impone y acaba uno creyendo en aquello fue el hito, el giro donde todo fue cambiando en la casa pero no es cierto; la casa ha estado planeando el ataque desde mucho antes, mientras creíamos vivirla.
Quizás el primer, la primera saeñal de alarma fuera cuando al pintar la cocina se dejaron las puertas sin pintar y ya no se han vuelto a pintar. O el día en que te diste cuenta que se había saltado la pintura del rodapié y pensaste: “ya lo haré” pero no lo haces. Ni cambias el visillo que se rasgó con el pico de la ventana. Por supuesto, tampoco cambias ese mueble de la entrada al que faltan trozos, que tan malos recuerdos te trae y que tanto detestas. Un día quitas las sábanas para lavarlas pero se te olvida hacer la cama y duermes una semana sin sábanas por “no tener tiempo”. Lo peor es que ni te das cuenta ni te importa.
La casa gana siempre, por larga y dura que sea la resistencia. La mugre se incrusta entre los azulejos y lo dejas pasar por la lesión del hombro, “cuando se pase”, dices sabiendo que no se va  a pasar. Una puerta no cierra bien, un hornillo de la cocina no va, un otoño encuentras todos tus jerseys agujereados por que no pusiste el antipolillas en primavera. Se pierde la llave de un armario lo abres a la fuerza y ni intentas encontrar el medio de arreglarlo, y ya queda la puerta ligeramente encajada. Sin tirador que se partió ya no recuerdas cuando.
La cocina, aplazada “hasta que (llueva, esté mejor del hombro, haga menos frio etc.) es ya casi imposible de limpiar salvo lo mínimo para no envenenarte. En el frigorífico hay más comida caducada que comestible y el olor –sí, ese que no soportas- aparece a menudo y al abrir un armario encuentras una docena de platos grasientas que ya no recuerdas cuando usaste por última vez ¿tres, diez años?
Las copas,  los vasos de tubo, las altas copas de cerveza han corrido la misma suerte pero en la vitrina, fueron dejando de usarse según fuiste, queriéndolo o no, echando gente de tu vida y según se fue alargando  la larga hilera de difuntos. Ahora, como mucho, de las cinco que quedan coges dos para Nochevieja. Una licuadora, un microondas que nunca aprendiste a manejar, un artefacto para cocinar al vapor que tampoco aprendiste a usar se almacenan, dejando que la grasa de la cocina caiga sobre ellos.
La alfombra y las cortinas siempre están descolocadas, como el florero de la mesa ahora demasiado grande y que ya sólo se despliega y casi por compromiso una vez al año, sin alegría alguna. Sin darte cuenta pasan semanas (¿meses?) sin quitar el polvo de los muebles   “ahora no, que no me da tiempo, no es el momento, lo hago esta tarde. Aplazamientos indefinidos que te van sonando ya a definitivos.
La casa siempre gana y no por el trabajo –que todos sabemos que en una casa las tareas nunca acaban- sino por la desidia y la culpa por dejar que todo esto siga avanzando y dejándote cada día más incómodo, más avergonzado, más inútil, en una palabra dejándote por dentro como has permitido quie esté la casa: sucio, incomodo, desagradable y solitario. Quieres culpar a tus hombros, a tu espalda, al trabajo pero son argumentos que ni a ti te convencen. Es otra cosa: abulia, indolencia, desapego incluso y una profunda falta de autorespeto. Eso, y saber que la casa siempre gana.
-No va más. Quince, negro impar y falta.
Siempre gana y  tu sigues apostando a rojo aun sabiendo que siempre sale negro. Entretanto el abandono, el desorden,  la suciedad envejecida se extienden, imperceptibles, por tu casa del suelo al techo y ya es tarde.
-No va más. Veintinueve negro, impar y pasa –como siempre has apostado al rojo. La casa gana, siempre.

martes, 11 de julio de 2017

Mucho va de Pedro a Pedro

 Melania Hamilton Sra de Wilkes 1939
Melania Trump, Prmera Dama 2017

 Creo que no voy a decir nada.

miércoles, 5 de julio de 2017

Solo hubo 2



Solo hubo un juego: el ajedrez
Solo hubo un naipe: La Reina de corazones de Alicia
Solo hubo una dama: la de las camelias
Solo hubo una mariposa: Madama Buterfly
Solo hubo un arma: la guadaña
Solo hubo un jardín: el de las delicias
Solo hubo un par de zapatos: los de gamuza azul
Solo hubo un par de botas: las que están hechas para caminar
Solo hubo un himno: La Marsellesa
Solo hubo una vida: “Le vie’n rose”
Solo hubo una noche: la de aquel día
Solo hubo un día: el que me quieras
Solo hubo una tarde: la que vi llover y vi gente correr
Solo hubo una mañana: la de San Juan
Solo hubo un sueño: la vida, una sombra, una ficción
Solo hubo un abanico: el del primer acto de Bernarda Alba
Solo hubo una pena: la negra del romancero.
Solo hubo un laberinto de jardín: el del Marqués de Sade en su palacio.
Solo hubo un violín: el de Ingres
Solo hubo una cantante: la calva
Solo hubo un ángel: el caído
Solo hubo una puerta: naturalmente la verde
Solo hubo una hechicera: Scherezade
Solo hubo un espectro: el de la rosa
Solo hubo un espíritu: el burlón
Solo hubo un gato: el que está triste y azul
Solo hubo una copa: vinagre endulzado con perlas
Solo hubo un delirio: los jardines de Bomarzo
Solo hubo un retrato: el de Dorian Gray, of course
Solo hubo una voz: la de Maria Callas
Solo hubo un guante: el de Gilda.
Solo hubo un bolero: Dos gardenias
Solo hubo un cadáver: el de Hector arrastrado por los caballos de Aquiles.